Frigor

Tenemos el Gobierno que produce más leyes por centímetro cuadrado, como si eso fuera algo de lo que presumir. Gran Bretaña, en cambio, no tiene ni Constitución y no le va tan mal.

¿Cómo se consigue semejante frondosidad legislativa? Muy fácil: convirtiendo en norma jurídica cualquier ocurrencia, por más pintoresca que resulte. Luego, en otro Consejo de Ministros, se reproduce, se retoca o se contradice la disposición anterior y, hala, una nueva ley al canto.

Lo importante, pues, es generar más y más leyes, no el que se cumplan, puesto que tal cosa no sucede nunca. Hace ya más de un siglo, el ministro Silvela explicó que “nuestro ordenamiento jurídico es riguroso, pero atemperado por su inobservancia”.

Esa reiteración de normas incumplidas se ve, por ejemplo, en la abundante legislación para evitar incendios forestales, que cada año parece novedosa aunque repite siempre las mismas obviedades que no impiden que los bosques sigan quemándose.

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De todos nuestros gobernantes obsesionados con entrar en el libro Guinness del récord legislativo, el más prolífico parece ser Rodríguez Zapatero, capaz de pretender modificar por decreto cualquier día hasta la ley de la gravedad.

Veamos, si no, la prolija normativa sobre el uso del aire acondicionado en lugares públicos, fijado ahora en máximos de 21º en invierno y 26º en verano. Ya hace dos años, el inefable Miguel Sebastián dispuso que la temperatura no pasara de 22º en las oficinas del Estado, normativa que las tales se pasaron por el arco de triunfo. Un año después, esa regulación, modificada, se extendió al Plan de Ahorro Energético, y que se quieres arroz, Catalina. Ahora, de nuevo, reaparece en la flamante e inocua Ley de Economía Sostenible. ¿Alguien sospecha que se cumplirá?

En el fondo, el que se cumpla o no resulta irrelevante dado que nuestra maltrecha economía en vez de cataplasmas necesita cirugía. Sucede lo mismo con el paro: tenemos un Gobierno que presume de dar subvenciones a los desempleados en lugar de ofrecerles trabajo, que sería lo fetén. Pero para crear empleo no basta con chuscas ocurrencias publicadas en el BOE, sino que se precisa de una política económica de la que Zapatero carece.

Enrique Arias Vega (Bilbao) es un periodista y economista español.

Diplomado en la Universidad de Stanford, lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana «Terzo Mondo» y en el periódico «Noticias del Mundo» de Nueva York.

Entre otros cargos, ha sido director de «El Periódico» de Barcelona, «El Adelanto» de Salamanca, y la edición de «ABC» en la Comunidad Valenciana, así como director general de publicaciones del Grupo Zeta y asesor de varias empresas de comunicación.

En los últimos años, ha alternado sus colaboraciones en prensa, radio y televisión con la literatura, habiendo obtenido varios premios en ambas labores, entre ellos el nacional de periodismo gastronómico «Álvaro Cunqueiro» (2004), el de Novela Corta «Ategua» (2005) y el de periodismo social de la Comunidad Valenciana, «Convivir» (2006).

Sus últimos libros publicados han sido una compilación de artículos de prensa, «España y otras impertinencias» (2009), y otra de relatos cortos, «Nada es lo que parece» (2008). Es autor, también, entre otras obras, de la novela «El ejecutivo» (2006), de la que ya van publicadas tres ediciones, de «Ir contra corriente» (2007), «Valencia, entre el cielo y el infierno» (2008) y una antología de semblanzas bajo el título de «Personajes de toda la vida» (2007).

Enlaces externos: Reseña en «Red mundial de escritores en español»

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