Argumentos (?) Para El Optimismo

 

Sir Winston Churchill prometió a sus conciudadanos en plena guerra «sangre, sudor y lágrimas». Gracias a ello, el Reino Unido sobrevivió a la agresión nazi, pero sus compatriotas no se lo perdonaron y cinco años después prefirieron en las urnas a su rival laborista, Clement Attlee.

Y es que a todos nos incomodan las malas noticias, aunque sean ciertas. Tres cuartos de siglo después estuvo a punto de repetirse la historia con David Cameron, cuando el hoy premier británico le llevaba una holgada ventaja en las encuestas a Gordon Brown y anticipó que de gobernar debería hacer recortes sociales. Nunca se repuso del bajón demoscópico subsiguiente y ahora tiene que gobernar en una inestable coalición con los liberal-demócratas de Nick Clegg.

Los políticos han aprendido la lección y por eso prometen el oro y el moro —perdónenme lo inoportuno de la expresión— aunque ambos resulten inalcanzables. Incluso Mariano Rajoy, que sabe que si gana las elecciones deberá imponer rígidas medidas de austeridad, dibuja este fin de semana en Sevilla un panorama casi idílico si llega a gobernar, a fin de no perder ni uno solo de los votos que están huyendo en masa del PSOE.

No es de extrañar, por consiguiente, que a pesar de los datos económicos existentes el vicepresidente Gerardo Camps diga que «cada vez estamos mejor; lo peor ha pasado ya». En eso sigue literalmente la estela de Rodríguez Zapatero quien, tras haberse negado reiteradamente a reconocer su existencia, afirmó en abril de 2009 que «es probable que lo peor de la crisis económica haya pasado ya».

Pues ya ven. Ningún analista piensa que la economía española creará empleo en los próximos cinco años; y eso, en el supuesto de un leve crecimiento del PIB. En la Comunidad Valenciana, a ese dato hay que añadir que tiene la deuda más alta de las 17 autonomías, con unos apremiantes vencimientos de pago.

Pese a ello, nuestros gobernantes predican el optimismo. Y es que, a falta de hechos reales con los que reconfortarnos, nos anuncian que todo va mejor, a ver si de esta manera consumimos más y somos nosotros solos quienes les sacamos las castañas del fuego.

Pero, por supuesto, ellos no reconocen su culpa. Cuando crecía la ocupación, Rodríguez Zapatero se atribuía todo el mérito, y en cuanto el paro se desbocó responsabilizó de ello a la crisis económica internacional. Francisco Camps utiliza la misma táctica: siempre promete crear empleo y al no conseguirlo le carga el muerto al Gobierno central. Como última comprobación de ese «la culpa es tuya» tuvimos anteayer el rifirrafe dialéctico entre el aludido Gerardo Camps y la delegada del Gobierno, Ana Botella.

Mientras los partidos políticos continúan oponiéndose porque sí a cualquier iniciativa de sus rivales, ¿para cuándo el anunciado diálogo entre Francisco Camps y Jorge Alarte? ¿Por qué no nos explican unos y otros, por ejemplo, los pros y los contras de las prospecciones petrolíferas en la costa valenciana? ¿Tanto han perjudicado las suyas al turismo de Dubai o Abu Dabi? ¿Y qué decir del cementerio nuclear de Zarra? ¿Cómo se lo montan, en su caso, Francia o Alemania?

En lugar, pues, de afrontar los problemas, nuestros políticos prefieren practicar la confrontación entre ellos, arropada siempre, eso sí, por un estólido optimismo puertas afuera, convencidos de que todo irá mejor si ellos no hacen nada de nada, aunque así destruyan las expectativas laborales de toda una generación.

Enrique Arias Vega (Bilbao) es un periodista y economista español. Diplomado en la Universidad de Stanford, lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana «Terzo Mondo» y en el periódico «Noticias del Mundo» de Nueva York. Entre otros cargos, ha sido director de «El Periódico» de Barcelona, «El Adelanto» de Salamanca, y la edición de «ABC» en la Comunidad Valenciana, así como director general de publicaciones del Grupo Zeta y asesor de varias empresas de comunicación. En los últimos años, ha alternado sus colaboraciones en prensa, radio y televisión con la literatura, habiendo obtenido varios premios en ambas labores, entre ellos el nacional de periodismo gastronómico «Ãlvaro Cunqueiro» (2004), el de Novela Corta «Ategua» (2005) y el de periodismo social de la Comunidad Valenciana, «Convivir» (2006). Sus últimos libros publicados han sido una compilación de artículos de prensa, «España y otras impertinencias» (2009), y otra de relatos cortos, «Nada es lo que parece» (2008). Es autor, también, entre otras obras, de la novela «El ejecutivo» (2006), de la que ya van publicadas tres ediciones, de «Ir contra corriente» (2007), «Valencia, entre el cielo y el infierno» (2008) y una antología de semblanzas bajo el título de «Personajes de toda la vida» (2007). Enlaces externos: Reseña en «Red mundial de escritores en español»

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